Luz y educación son dos conceptos altamente ligados en la historia de la humanidad. Se dice que alguien “es iluminado” cuando su nivel educativo es sobresaliente o que, “ha alcanzado la luz” quien logra conocer lo que buscaba y; cierto e innegable es que la educación, el aprendizaje, el arte de enseñar ilumina y al iluminar, libera.

El movimiento conocido como la ilustración que inició en europa en el siglo XVIII y se esparció por el mundo, dotó a toda la humanidad de un sinfín de razones para celebrar las ideas, el conocimiento, la  libertad y la ciencia como riquezas inmateriales de la humanidad y la palanca que activa el motor de desarrollo y la justicia social.

En México, figuras emblemáticas abrieron el camino para construir un país mejor desde el combate a la ignorancia, la superstición y la tiranía. Desde Sigüenza y Góngora hasta Mociño, pasando por la impronta fundamental del barón de Humboldt, el movimiento de la ilustración sentó las bases para la igualdad entre seres humanos, la tolerancia entre las religiones y el desarrollo de las técnicas y las ciencias que condujeron a México a plantearse grandes ideales; las bases, por ejemplo, del movimiento de independencia.

Hoy, en pleno Siglo XXI, las escuelas siguen siendo el principal espacio de ilustración de la humanidad, la educación pública ha acercado el conocimiento a todos más allá de los círculos elitistas, y nos invita a participar de las soluciones a los problemas que tiene el mundo.

El poeta mexicano, Octavio Paz, señaló que “la mucha luz es como la mucha sombra: no deja ver” y tiene razón; los docentes mexicanos hemos aprendido con la experiencia que la transferencia del conocimiento debe ir acompañada del desarrollo global personal: cuerpo, mente, inteligencia, sensibilidad, sentido estético, responsabilidad individual, autonomía y crítica, son determinantes en la educación para la sociedad que queremos construir y hacer realidad entonces el deseo: que la luz nos alcance a todos.